Jesús nos llama a estar con él
2029-07-13
Todo encuentro auténtico con Jesús permanece en la memoria viva, nunca se olvida. Se olvidan muchos encuentros, pero el verdadero encuentro con Jesús siempre permanece. Los apóstoles jamás olvidaron el momento en el que Jesucristo los llamó. Este acontecimiento marcó sus vidas para siempre.
Los llamó para que participen y colaboren en su obra mesiánica. La tarea asignada es la misma que la de Jesús: “anunciar la llegada del Reino”, por eso reciben también el poder para llevarla a cabo. Para desarrollar esta misión el Señor les pone algunas condiciones: el desprendimiento de la propia familia, llevar la cruz, estar dispuesto a renunciar a la propia vida y la pobreza cristiana.
Jesús nos llama a estar con él, su llamada es una iniciativa de amor. Dios llama a la vida, a la fe, a un estado de vida particular y a servir al prójimo. Nunca nos llama a la amargura, a la violencia o a la injusticia. Nos llama a formar parte de su familia: Él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos.
Dios nos llama a un estado de vida particular: a darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada. Son maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios, ese que tiene para cada uno de nosotros, que es siempre un plan de amor. Dios llama siempre. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos.
Decía el Papa Francisco que, frente a la llamada del Señor, que puede llegar a nosotros de mil maneras, también a través de personas, de acontecimientos, tanto alegres como tristes, nuestra actitud a veces puede ser de rechazo porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones y también de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda. Pero la llamada de Dios es amor, tenemos que intentar encontrar el amor que hay detrás de cada llamada, y a ella se responde solo con amor (Cf. Ángelus, 17-01-2021).
Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: “He encontrado el Amor, al Mesías, a Jesús; he encontrado el sentido de mi vida. En una palabra: He encontrado a Dios”.
La familia es el ámbito para escuchar la llamada del Señor y para aprender a responderle con generosidad, por ser el ámbito en que uno es amado por sí mismo, no por lo que produce o por lo que tiene. Es evidente que aquellos que han colaborado con Dios a engendrar vida son los que mejor pueden ayudar a los hijos a reconocer la voz del que es la Vida.
En familia es donde mejor pueden aprender de manera sencilla y espontánea esa relación con Jesucristo vivo. La oración en familia es un medio privilegiado para aprender a tratar con este amigo que nunca falla, así como la participación frecuente en los sacramentos. “La Palabra de Dios nos muestra el camino: no preservar a los hijos de cualquier malestar y sufrimiento, sino tratar de transmitirles la pasión por la vida, de encender en ellos el deseo de que encuentren su vocación y que abracen la gran misión que Dios ha pensado para ellos” (Papa Francisco, Homilía de clausura en el X Encuentro Mundial de las Familias).
+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca