La Resurrección ilumina el misterio de la muerte
Radio Católica Cuenca

La Resurrección ilumina el misterio de la muerte

2026-11-04

La muerte es el umbral luminoso que Cristo abrió con su resurrección, el paso que revela lo que el corazón humano siempre ha deseado: la vida plena y eterna. Existe la tendencia actual a convertir la muerte en un tabú y a evitar los cementerios,
lugares que guardan viva la memoria de la esperanza cristiana de la resurrección. Para algunos es un acontecimiento que debe mantenerse lejos; algo de lo que hablar en voz baja para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad. Solo el acontecimiento de la Resurrección puede iluminar plenamente el misterio de la muerte. Solo con esta luz se hace verdadera la esperanza profunda del corazón humano: que la muerte no es el final, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz (Cf. Papa León XIV, catequesis, 10.12.2025).

Ante el hecho de la muerte, hemos de reconocer que somos peregrinos en la tierra; no está aquí nuestro destino. “Todos estamos en sala de espera”, solía decir el Papa Francisco; un día nos llamarán y volveremos a la casa del Padre. A la hora de la muerte, lo único que nos acompañará serán las obras que hayamos hecho en esta vida, y por ellas seremos juzgados. Ese día nos examinarán sobre el amor.
Jesús, porque ama al hombre, se aproxima, se solidariza y hace suyo su dolor. La Iglesia, fiel a su misión, también acompaña al hombre en todas las circunstancias de su vida y vive como propios los sufrimientos y alegrías de sus hijos. El duelo que no es iluminado por la esperanza de la vida eterna queda sin resolver de forma plena.

Nuestra misión es acompañar y ayudar a responder, a la luz de la fe, los interrogantes de las personas que han perdido a sus seres queridos. El mejor acompañamiento es la presencia y la cercanía a los familiares. Más que hablar, tenemos que saber escuchar y estar junto al que sufre. Es muy conveniente invitar a la oración con los familiares del difunto.
En las exequias nos encontramos con una tipología muy variada de personas: con gente sencilla, fiel a su fe cristiana tradicional; los que declaran ser practicantes y saben dar razón de su fe; los que dicen ser alejados sin más; los que confiesan creer en Dios, pero no en la Iglesia; los que se proclaman ateos o agnósticos; los que se acercan desde otras creencias o espiritualidades. Se convierten, por tanto, en todo un reto: conectar con todos ellos es el gran desafío pastoral que solicita ministros con corazón de pastor.

La celebración exequial combina, como todo acto litúrgico, los elementos sacramentales y evangelizadores. La palabra de Dios proclamada y explicada constituye la mejor lección cristiana acerca del significado de la muerte (Ritual Exequias 20). La esperanza cierta de la resurrección debe ser uno de los temas fundamentales de la celebración. Dios ha salvado al hombre en Cristo por medio de su muerte y resurrección. El testimonio sincero de la fe en Cristo resucitado evangeliza. Por esta razón, la celebración debe fomentar en los fieles asistentes un hondo sentido pascual que les invite a expresar su fe y esperanza en la vida eterna y en la resurrección.

¿Qué podemos hacer, entonces, al recordar y visitar las tumbas de nuestros seres queridos? Rezar por ellos. Decía San Ambrosio: Una flor en la tumba se marchita, una lágrima se evapora, una oración se eleva al cielo y la recoge Dios.

+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca