Evaluar los proyectos políticos según la dignidad humana
2026-10-07
Se avecina una campaña política que, pedimos a Dios, no sea fiel reflejo de la realidad social que vive el Ecuador: violencia, inseguridad, corrupción y destrucción de la dignidad de las personas. En nuestro tiempo, marcado por el desarrollo tecnológico, las redes sociales y la inteligencia artificial, tenemos que derribar barreras y conseguir que las relaciones sociales tengan consistencia real y profundidad personal. Los diversos actores políticos están llamados a dar ejemplo de trabajo honesto, sinceridad y preocupación por las reales necesidades del pueblo. Al respecto, León XIV pide evaluar los proyectos políticos según la dignidad humana, la justicia social y el bien común, como el «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección» (GS, 26).
La confrontación, que a veces degenera en violencia, es fruto del poder del pecado y de cómo este condiciona las mentalidades y las acciones, a todos los niveles, provocando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano.
A partir de este planteamiento, podemos señalar algunos puntos que debemos recordar todos, especialmente el mundo político, lleno de muchas palabras y pocos compromisos serios. Ante todo, está el respeto a la persona humana: «Todo lo que se opone a la vida misma, como cualquier clase de homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas infligidas al cuerpo y a la mente, las coacciones psicológicas; todo lo que ofende la dignidad humana, como las condiciones de vida infrahumanas, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de mujeres y jóvenes, o también las ignominiosas condiciones de trabajo, en las que los trabajadores se tratan como simples instrumentos de lucro y no como personas libres y responsables: todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente vergonzosas» (GS, 27).
Debemos recordar también el respeto y la caridad hacia los adversarios o hacia quienes tienen maneras de pensar y actuar diferentes de las propias (cf. GS, 28). La protección del medioambiente es un desafío para todos, porque se trata de defender y valorar un bien colectivo, destinado a todos. La explotación desconsiderada de los recursos de la creación y sus consecuencias, no se puede afrontar eficazmente sino con decisiones políticas y económicas.
Hemos de superar la mentalidad individualista y asumir una actitud de responsabilidad y participación. La situación actual de nuestro país nos convoca a realizar un discernimiento personal y comunitario, para evaluar responsablemente los proyectos sociales y políticos de hoy, según los criterios de la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos en la construcción de un mundo más humano (Cf. León XIV, catequesis, 16.09.2026).
+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca