Una Iglesia de puertas abiertas
2026-08-11
Una Iglesia de puertas abiertas es una comunidad de fe acogedora y una misión centrada en Jesucristo, a quien descubrimos presente en el prójimo. Es una actitud pastoral de inclusión y salida hacia la sociedad. Es una Iglesia en salida, un llamado a abandonar la comodidad de los templos para ir al encuentro de las necesidades reales de nuestros hermanos. Es ofrecer espacios donde cualquier persona puede entrar a buscar paz o consuelo sin prisa ni rechazo. Es una comunidad integradora que facilita la participación y evita poner barreras. La Iglesia de puertas abiertas es una familia que acoge a sus hijos y les ofrece el único tesoro que enriquece, el pan que fortalece, el camino, la verdad y la vida plena.
“La Iglesia no es una fortaleza cerrada, sino una tienda de campaña capaz de agrandarse para recibir a todos: es una Iglesia en salida, una Iglesia con las puertas siempre abiertas” (Papa Francisco).
Entre las experiencias más fuertes de las últimas décadas está la de encontrar puertas cerradas. La creciente inseguridad fue llevando, poco a poco, a trabar puertas, poner medios de vigilancia, cámaras de seguridad, desconfiar del extraño que llama a nuestra puerta. Sin embargo, todavía en algunos pueblos hay puertas que están abiertas. La puerta cerrada es todo un símbolo de este hoy. Es algo más que un simple dato sociológico; es una realidad existencial que va marcando un estilo de vida, un modo de pararse ante la realidad, ante los otros, ante el futuro. La puerta cerrada de mi casa, que es el lugar de mi intimidad, de mis sueños, mis esperanzas y sufrimientos, así como de mis alegrías, está cerrada para los otros. Y no se trata solo de mi casa material, es también el recinto de mi vida, mi corazón. Son cada vez menos los que pueden atravesar ese umbral. La seguridad de unas puertas blindadas custodia la inseguridad de una vida que se hace más frágil y menos permeable a las riquezas de la vida y del amor de los demás.
La imagen de una puerta abierta ha sido siempre el símbolo de luz, amistad, alegría, libertad, confianza. ¡Cuánto necesitamos recuperarlas! “La puerta cerrada nos daña, nos anquilosa, nos separa” (Jorge Mario Bergoglio, 2002).
Hablar de puertas abiertas quiere decir que la Iglesia existe para evangelizar; esto es, para salir y anunciar la Buena Noticia de Jesucristo. Algunos creen que evangelizar es solo adoctrinar, enseñar las verdades de fe para poder salvarnos. Otros piensan que evangelizar es hacer que las personas participen de las celebraciones litúrgicas y de las manifestaciones de piedad popular. La formación y la devoción son importantes porque manifiestan una fe sincera y nos llevan al encuentro con Cristo, pero la evangelización va mucho más allá; nos invita a asumir actitudes de escucha, de acercamiento, de misericordia, reproduciendo la experiencia de Jesús, que se hace compañero de camino y se compadece del pueblo necesitado. La evangelización es una experiencia sencilla, cargada de humanidad, de acercamiento, de acogida, que hace presente el mensaje cristiano con palabras y sobre todo con el testimonio de ternura de la Iglesia Madre.
Hagamos que nuestras comunidades parroquiales y grupos apostólicos se transformen en espacios de acogida, donde nadie se sienta dueño de la obra de Dios y todos seamos servidores, capaces de acoger y entregar gratuitamente el don de la fe que hemos recibido.
+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca