Jesús en la Eucaristía nos ama y nos acoge
Radio Católica Cuenca

Jesús en la Eucaristía nos ama y nos acoge

2026-06-10

En la fiesta del Corpus Christi 2026, hemos escogido para las meditaciones diarias los temas de la Exhortación Apostólica Dilexi te Te he amado del Papa León XIV. Centrada en la opción preferencial por los pobres. El documento llama a la Iglesia a reconocer el rostro de Cristo en los marginados y a promover una sociedad más solidaria y fraterna. Todos estamos llamados a descubrir en Jesús sacramentado el gran don de Dios al mundo, el alimento espiritual que nos impulsa a compartir con los demás el pan de cada día y a hacer de nuestra vida una entrega generosa al servicio de los hermanos.

Es tradicional en nuestros pueblos y ciudades llevar por las calles procesionalmente al Santísimo Sacramento, especialmente en la fiesta del Corpus Christi y en el renombrado Septenario Eucarístico. Ante esta manifestación pública de fe, muchos nos preguntarán: ¿Qué ocurre? ¿Quién pasa? Tenemos que contestar: El que pasa es Jesús de Nazaret. El mismo que nació de María en Belén, que pasó haciendo el bien y curó a los enfermos, perdonó a los pecadores y murió en la cruz para salvarnos. El que resucitó de entre los muertos es el mismo que hoy recorre las calles recibiendo la manifestación de nuestro amor en medio de cánticos, música, danza, flores, incienso y perfumes. Ante su cercanía no podemos dejar de proclamar nuestra fe, reconociendo que Él es nuestro Salvador, el único que puede perdonarnos.

La fiesta del Septenario es tan grande que desborda los templos e invade las calles de nuestra ciudad y contagia a todos de alegría con la presencia real de Cristo, que en silencio acompaña al pueblo peregrino. Por eso cantamos con tanto fervor al Dios de amores, al que le pedimos que mire y bendiga al pueblo de su corazón.
Nuestras procesiones eucarísticas en el Septenario son testimonio público de fe. El Señor toma posesión de nuestras calles, de las familias y del corazón de los humildes. La Hostia Santa, tan pequeñita y de poquísimo valor monetario, se convierte en el gran tesoro de la Iglesia, expuesto en magníficas custodias. Ante los cristianos que se agolpan a su alrededor para verlo, el Señor sale al paso, se hace el encontradizo con aquellos que lo buscan, como se apareció a las mujeres piadosas en la resurrección o a los discípulos de Emaús. La sorpresa es la misma, la dicha no tiene comparación. Solo nos queda decir, en profunda adoración, con el apóstol Tomás: Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí, creo firmemente que me ves, que me oyes. Te alabo con profunda reverencia.

El Señor está realmente presente, camina con su pueblo. Pero su presencia no es cosa de un momento, no es ruido pasajero. Su presencia eucarística nos recuerda que debemos descubrirlo también en la vida ordinaria. Silencioso y humilde, nos acompaña en la jornada familiar, en el trabajo, en la escuela y en el campo. Si tenemos fe, lo encontraremos entre los hombres y mujeres de nuestro diario caminar, en los que sufren y esperan el afecto fraterno, la mano de un amigo y el abrazo de la paz.

Durante la fiesta del Septenario Eucarístico, vivamos una verdadera experiencia con Jesús resucitado. Participemos todos en familia. Los padres y abuelitos tienen la misión de contagiar a los niños y jóvenes de la auténtica fe, no de una devoción estéril y pasajera, que se queda solo en costumbres y ritos sin compromiso.

SUMARIO 2: La fiesta del Septenario es tan grande que desborda los templos e invade las calles de nuestra ciudad y contagia a todos de alegría con la presencia real de Cristo, que en silencio acompaña al pueblo peregrino.

SUMARIO 2: La Hostia Santa, tan pequeñita se convierte en el gran tesoro de la Iglesia, expuesto en vistosas custodias. El Señor sale al paso ante tantos cristianos que se agolpan a su alrededor para adorarlo.

+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca