Un ferviente llamado a la paz
2026-04-28
Deseamos expresar nuestra profunda gratitud y cercanía por el valiente testimonio evangélico que el Papa León XIV ofrece al mundo entero en su decidida defensa de la vida humana, y en su incansable llamado a la paz en medio de tantos conflictos que desgarran irracionalmente a la humanidad. Conscientes de los ataques y presiones que su testimonio profético suscita, nos sentimos más unidos que nunca al Sucesor de Pedro, pues sabemos que quienes anuncian la verdad con amor han de esperar la incomprensión y los ataques de este mundo.
No podemos callar: la violencia ha entrado en nuestras casas, calles y escuelas. Quienes ejercen el poder tienen la grave obligación de proteger a sus ciudadanos con firmeza y justicia; no se puede negociar con la muerte ni acostumbrarse al miedo. Vivimos en medio de lo que el Papa Francisco llamó una tercera guerra mundial en pedazos. Pero el Evangelio nos abre un horizonte: Bienaventurados los que trabajan por la paz (Mt 5,9). Recordamos las palabras del Papa León XIV: “La paz se construye en el corazón y desde el corazón, eliminando el orgullo y la venganza. Ser artesanos de paz es la forma más exigente y heroica del amor: implica romper la espiral de la venganza, defender al más débil y caminar hacia la verdad y la justicia” (Comunicado de la CLIX Asamblea Plenaria de la CEE, 16-04-2026).
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2304-2305) nos dice que la paz no es solo la ausencia de guerra o el equilibrio de poder, sino la tranquilidad del orden, fruto de la justicia y la caridad. Es un don divino, obra de Cristo, Príncipe de la Paz, y una tarea humana que exige respetar la dignidad, los bienes y la fraternidad entre los pueblos.
La paz es una tarea artesanal, activa y cotidiana que requiere verdad, justicia y misericordia. Propone superar divisiones mediante la cultura del encuentro, el diálogo, la reconciliación verdadera y el compromiso de construir una fraternidad universal que abrace a todos, especialmente a los más frágiles.
Los ecuatorianos debemos ser artesanos de la paz, lo que implica generar procesos de sanación y reencuentro con audacia e ingenio, más que simplemente gestionar conflictos. La paz real y duradera requiere el reconocimiento de la verdad y la justicia, fundamentales para superar la venganza y construir una memoria compartida.
La paz se construye tejiendo una amistad social que fomente la unión en la diversidad, convirtiendo la pluralidad en una riqueza para el bien común. Frente a un mundo cerrado, la Doctrina Social de la Iglesia promueve un diálogo constante que permita integrar a todos, para cuidar de la casa común.
El reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana es un llamado de los pastores a todo el pueblo de Dios. Una invitación a vivir como auténticos hermanos, unidos y solidarios. En este tiempo pascual, el documento nos recuerda que el poder de la muerte ha sido vencido, que la última palabra no la tienen los violentos, sino el amor de Dios, que renueva todas las cosas. “La auténtica paz surge cuando todos se sienten protegidos, escuchados y respetados, cuando la ley sirve de salvaguarda segura contra los caprichos de los ricos y poderosos” (León XIV).
SUMARIO 1: Los ecuatorianos debemos ser artesanos de la paz, lo que implica generar procesos de sanación y reencuentro con audacia e ingenio.
SUMARIO 2: “La paz se construye en el corazón y desde el corazón, eliminando el orgullo y la venganza. Ser artesanos de paz es la forma más heroica del amor: implica romper la espiral de la venganza y defender al más débil”.
+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca